El alcalde de Santo Domingo Este, conocido por los perremeístas como «el que lo quiere todo» por su afán de no ser solo el líder de FEDOMU y tener todos los cargos —comenzando por él mismo como presidente del PRM—, ha cometido una pifia «imperdonable» que le permitió verse los «refajos» de ambiguo, oportunismo discursivo y arribismo como comportamiento fijo.
«Donde dije digo, dije Diego», dirían los entendidos, al ver un video que sintetiza lo que por populismo dijo en un programa chatarra del mediodía, señalando que Carolina sería la próxima presidenta, mientras corrió raudo y veloz al FITUR para buscar acompañar al contendiente Collado, en un juego a «dos bandas» que hoy, públicamente, ha quedado demostrado.
Ambos equipos fueron parte del entramado que permitió colocarlo a él como candidato a alcalde, aunque estaba en último lugar, y ahora ha demostrado que no es de uno ni de otro, que no es de confiar y que cualquier trato con él es solo texto o palabras escritas en papel sanitario camino a un retrete: papel sucio, luego tirado.
«Yo no dije eso», dice ahora, pero sí lo dijo, como mismo prometió que la ciudad no se inundaría en 100 días de su mandato o que no habría basura nunca más, para luego «decir que dijo» que lo que había prometido era que la basura «no tocaría el piso», entre decenas de devaneos, zigzagueos y promesas continuadas que, para colmo, olvida.
Nadie confía en quien no mantiene su palabra, en quien dice algo hoy y otra mañana, en quien no cumple promesas, en quien pacta con Dios y con el Diablo, con la víctima y el verdugo y, para colmo, en nombre de Dios.
Hoy, que todo sale a la luz, que un solo comunicador no es protagonista de denunciar comportamientos falsos, erráticos, arribistas y oportunistas, es claro que no podrán someter a la justicia a todos; eso queda de consuelo.
Por Fernando Buitrago
17 de Febrero 2026





