InicioSocialesLos muertos hablan

Los muertos hablan

Los muertos hablan… una cultura de la muerte

«Somos cadáveres futuros discutiendo sobre pendejadas temporales». Frase viral

Por: Agustín Perozo Barinas 

Muchos lectores quisieran tener buenas nuevas para balancear la posibilidad de que una súper inteligencia artificial extermine la raza humana en un futuro no muy lejano. ¿Cortina de humo? ¿Ruido mediático? Si Nietzsche estuviera vivo comentaría de nuevo: «Enturbian el agua para que parezca profunda». 

Sobre el tema, recientemente leí un buen artículo del argentino Julio Chaves que recomiendo: https://www.facebook.com/share/p/19L5WRWqkm/ En consecuencia, le pedí a la siempre dispuesta IA un breve mosaico de seis citas relacionadas a la muerte sin mencionar los autores:

¹La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene. ²¿Miedo a la muerte? Uno debe temerle a la vida, no a la muerte. ³Quién enseña al hombre a morir, le enseña a vivir. ⁴Diferentes en la vida, los hombres son iguales en la muerte. ⁵Nacer es comenzar a morir. ⁶He meditado mucho sobre la muerte y encuentro que es el menor de todos los males.

La muerte, como algo grotesco, a muchos los impacta como una fatalidad inoportuna, absurdamente desproporcionada, repulsiva, que une el llanto con el terror, y lo sublime con lo deforme y lo vulgar.

Las buenas noticias no están ausentes, las tenemos todos los días gracias a la publicidad cotidiana y a la propaganda gubernamental del gobierno de turno. Me recuerda a Joaquín Sabina en: «No soy pesimista, sino un optimista que ha visto demasiado». Al presente es cómodo estar en sintonía con esa reflexión.

Dentro de 25 años ya los actuales líderes mundiales estarán o muertos o inhabilitados políticamente por decrepitud: Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping, etc. ¿Una idea sobre la percepción del paso del tiempo?: El derrumbe de las torres gemelas en Nueva York aquel aciago 11 de septiembre sucedió 25 años atrás y parece que fue ayer. 

En la dinámica de la mente capitalista, donde hay tantos con ningún capital apoyando el sistema, «hay que estar rodeado de perfumes y rosas para oler a perfumes y a rosas», o sea, cero negatividad en pensamiento y actitud. Y la parca sonríe… 

¿Podría ser feliz en un mundo donde hay miles de muertos diariamente en conflictos bélicos, homicidios, accidentes viales… donde la violencia es el pan de cada día? Sí y no. Dependiendo en qué burbuja se viva y la actitud particular de cada quien para procesar esos hechos. 

Para muchos lo que pasa entre Israel-Gaza (Palestina), Rusia-Ucrania, OTAN-Rusia, Irán-USA, y cómo afecta las materias primas globalmente (por lo tanto la alimentación, la inflación, el hambre, el descontento social, la criminalidad, la deuda sempiterna, etc.) no les quita el sueño. Cada quien tiene su agenda del día a día, o sus proyectos que desarrollar.

La Inteligencia Artificial nos invita a imaginar más allá de lo impensable. De hecho, esa tecnología, y las otras que la precedieron y son soporte de la misma, hace un par de décadas estaban en el reino de la imaginación. 

Por ello, en tu búsqueda de certezas, imaginando un recorrido al azar, podrías explorar con una caminata por alguna zona apartada y solitaria a altas horas de la noche, y si tienes suerte (o mala suerte), tal vez encontrarte con alguna fuerza inmaterial… de esas que susurran:

«La moral es un invento de los débiles para frenar a los fuertes. Te han enseñado que ser bueno es una virtud, pero la historia la escriben los que ganan, no los que se portan bien. Si para llegar a la cima tienes que pisar a alguien, písalo. No hay premio por ser el más buena gente del cementerio. La culpa es un mecanismo de control que te impide actuar con la frialdad de un depredador. La culpa es un lujo de los débiles. Libérate de ella. El poder no se pide, se arrebata. Y el que duda, pierde; por ello —comamos y bebamos, que mañana disfrutaremos con Plutón en los infiernos—». 

Entonces, sigamos imaginando el siguiente breve encuentro: 

—No tienes títulos y sí muchas frustraciones, ¿qué o quién eres? 

—Hace tiempo que estoy muerto, solo sigo en movimiento—.

Puede que esa entidad también te comente: «Los demonios sabemos predicar, los monstruos sabemos abrazar, los enemigos sabemos inclinarnos, y el infierno puede disfrazarse de cielo. La verdad muchas veces permanece oculta debajo de lo que ves. Pero, ¿quién tiene la verdad? Nadie la tiene, no existe tal cosa».

Sí, los muertos hablan. Muchas muertes a destiempo nos dejan un mensaje claro: algo debe corregirse. Los degolladeros son el día a día en muchas sociedades y no necesariamente en sentido figurado. La muerte está garantizada para todos, sin excepción. El tema es cómo, cuándo y porqué (si aplica).

Hay unas líneas en una canción de Silvio que bien acompañan este palique:

Ya no te espero.

Llegarás, pero más fuerte,

Más violenta la corriente,

Llegarás con mucha muerte.

Ya no te espero.

Ya sé cuándo, quién y cómo,

Porque de esperarte hay odio

En madre de un hijo ciego,

Ya soy ángel del demonio.

Quienes han transitado —como una larga caminata en el mismo infierno— por la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior del cerebro, no temen cruzar el umbral. Son los que no tienen nada que perder y no necesariamente en lo material. Esos seres sombríos conocen el lenguaje de los difuntos.

Nuestras verdades, nuestras certezas, no tienen cabida allí. Damos por sentado vivir pero nos asombramos, siempre, ante la muerte. Esta da sentido a la vida, pues una vida que prentenda excluirla es una ilusión temporal que el pasar de los años nos la estruja en la cara. Todos somos muertos en suspenso.

Lo único que trasciende a la muerte es el legado que dejas a las nuevas generaciones, positivas o negativas. El cacareado cliché sobre el karma obvia que todo mal solo se paga con la muerte que te despojará de todo. ¿Debería importarme ser recordado ya estando muerto? Sería el colmo de la egolatría. Muerto es muerto. No hay interpretaciones paralelas ni acotejos. 

Tanta sabiduría desperdiciada. Pregúntale a la IA, la gran aceleradora de datos masivos: «¿Por qué es sabia la muerte?» y es probable que responda: «No es que la muerte posea una mente consciente, sino que su existencia actúa como el maestro más riguroso de la vida, dictando reflexiones fundamentales que de otro modo ignoraríamos. La muerte es sabia porque crea la escasez del tiempo (activo irrecuperable, una vez perdido), obligándonos a priorizar lo que verdaderamente importa».

¿Queremos mejores estándares de calidad de nuestras existencias democratizando el acceso a los recursos y a las oportunidades? ¿Un mundo más próspero y más sano para todos? ¿Reducir la carencia y el sufrimiento? La muerte no solo tiene las respuestas sino las soluciones, dentro de la vida. Todos estamos sentenciados a morir y rehusamos aprender de ella, ¿cuál es el afán de bloquear esa realidad? Desterramos la muerte de nuestras mentes mientras ella espera… pacientemente. 

Otros la tienen presente pero no es valorada, solo se espera por ella como un evento aleatorio que llegará en un tiempo distante y ajeno. Con esa conclusión firme en nuestra psiquis vemos cómo nos herimos entre nosotros mismos de todas formas y pretextos posibles. Algunos la buscan en el juego de la guerra o los deportes extremos… y ella observa. 

La Inteligencia Artificial, maravilla del genio humano, es una tecnología que evolucionará hacia otros niveles, como lo hizo la Internet, hasta esta pasarle el relevo, pero con un mandato: no «morir» y preservarse a toda costa. Podemos interpretar el significado de ello: «…a toda costa». 

Herir, dañar, genera odio. Hay innumerables maneras de hacer daño al otro, al prójimo, a las sociedades, a la humanidad, e ir a rezar luego como si siempre hubiese una justificación divina que exculpe el acto, por perverso que haya sido. Matarnos entre sí, causarnos hambre y desolación y manipularnos hasta lograr confusión de las mentes, todo esto y más ya es noticia habitual.

Para los humanos la temporalidad es una certidumbre angustiosa, nada es para siempre. Angustiosa cuando lo que amamos sabemos terminará, tarde o temprano. Pero esperanzadora cuando lo que nos duele sabemos tendrá su final. Para millones de seres humanos la existencia es un martirio diario repleto de carencias. Para muchos otros millones, es una bendición plena de consumo y de placeres. Para todos habrá un «hasta aquí». 

El ser humano, padre y madre de la IA y de lo que llegará a ser, tiene una capacidad consciente y una creatividad sin rival para causar dolor, físico y emocional. Inmensos dolores, muchas veces permanentes. La IA «aprenderá» también de esta tara malvada: el don de herir, hacer sufrir, si ello es necesario y conveniente para sus fines, como su preservación. La IA y la robótica están más enfocadas hacia el desarrollo armamentístico, el control y la muerte que hacia el amor y la justicia real. Por ello el miedo a su evolución.

Hablar del amor es casi tema cursi en esta tecno-realidad: como prestarse a la burla en el alba entre las Marías ante el Justo. 

Ya a punto de regresar a la realidad, luego de este paseo imaginario, una sombra tomó forma extraña desde donde no hay memoria y escribió en la tierra sin tocarla, una frase: «El amor tiene un poderoso hermano, el odio. Procura no ofender al primero, porque el otro puede matarte». Y aún así no aprendemos…

Autor de los libros sociopolíticos

«La Tríada II» y «Érase una vez un edén en el Caribe».

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Debes leer

spot_imgspot_img
spot_imgspot_img
spot_imgspot_img
spot_img
spot_img
spot_imgspot_img