Los hechos violentos existen y duelen. La percepción existe y afecta la calidad de vida. Los hechos violentos preocupan y no deben minimizarse, pero los homicidios muestran una reducción sostenida. Expertos explican cómo las redes sociales pueden aumentar el miedo y plantean educación, Policía Comunitaria, prevención y oportunidades para enfrentar tanto el delito como la percepción de inseguridad. Nueva York, Filadelfia, Washington, Chicago, Los Ángeles y Detroit también enfrentan discusiones permanentes entre estadísticas y percepción. República Dominicana no es una excepción.
“La percepción del crimen también aumenta por opiniones de comunicadores sin suficiente documentación, la difusión descontrolada de hechos violentos en las redes sociales y el uso partidista de la seguridad para atacar al gobierno de turno. Sin negar la delincuencia ni el dolor de las víctimas, se necesitan informaciones verificadas, contexto y mayor responsabilidad para evitar que el sensacionalismo presente hechos aislados como la realidad completa del país” dijo Luis Hidalgo.
Por Luis Hidalgo
Nueva York.– Para miles de dominicanos residentes en el exterior existe una aparente contradicción: diariamente reciben videos de atracos, asesinatos, conflictos y otros hechos violentos ocurridos en República Dominicana, pero al mismo tiempo viajan constantemente al país, visitan familiares, llenan hoteles y restaurantes, recorren pueblos y ciudades, compran propiedades, realizan inversiones y regresan a sus lugares de residencia con el deseo de volver nuevamente a República Dominicana.
A esto se suma otro fenómeno que merece mayor atención: dominicanos de la diáspora que, después de décadas viviendo en Estados Unidos y otros países, deciden jubilarse o pasar largas temporadas en República Dominicana. Muchos desarrollan allí su vida cotidiana con normalidad. Esto no significa que estén exentos de convertirse en víctimas de un delito, pero esa experiencia cotidiana rara vez recibe la misma exposición que un acontecimiento violento.
¿Por qué se habla tanto del crimen y tan poco de los miles de dominicanos que llegan, permanecen, regresan y hasta deciden retirarse definitivamente en el país?
La criminalidad existe en países ricos y pobres, densamente poblados o pequeños. Ningún asesinato, atraco, agresión o abuso debe minimizarse. Un hecho violento puede destruir una familia y provocar temor en toda una comunidad.
Sin embargo, tampoco cada acontecimiento individual puede utilizarse como evidencia de que la delincuencia está aumentando en todo el territorio nacional. Los datos obligan a separar dos conceptos que pueden coexistir: criminalidad real y percepción de inseguridad.
Los homicidios muestran una tendencia descendente. Según la Fuerza de Tarea Conjunta de República Dominicana, con datos acumulados al 11 de septiembre de 2026, la tasa nacional se situó en 7.41 homicidios por cada 100,000 habitantes. Datos IA
El mismo indicador había sido de 8.74 en 2025, 9.65 en 2024, 11.49 en 2023 y 13.20 en 2022. Además, 28 de los territorios evaluados equivalentes al 80 % registraban tasas inferiores a diez homicidios por cada 100,000 habitantes. Datos IA
Es una reducción importante. Pero existe una aclaración fundamental: la tasa de homicidios no mide toda la criminalidad. Robos, atracos, violencia de género, agresiones, delitos sexuales, extorsiones y otras modalidades necesitan indicadores propios. Por tanto, sería incorrecto utilizar solamente la reducción de homicidios para concluir que todos los delitos están disminuyendo.
También debemos evitar afirmaciones absolutas como decir que en República Dominicana “no existen secuestros” u otros delitos graves. Pueden ser menos frecuentes que en determinados países o contextos, pero cualquier comparación responsable requiere estadísticas verificables por categoría.
Al cierre de agosto, las propias autoridades reconocían que siete territorios mantenían tasas de homicidios de dos dígitos y requerían atención focalizada. En ese corte también se contabilizaban 4,402 robos. Datos IA
Por eso el análisis debe reconocer las dos caras: hay avances importantes, pero todavía existen problemas que requieren atención. Entonces, ¿por qué tanta gente siente que hay más delincuencia?
Aquí aparece la percepción. Una encuesta nacional reportada en julio de 2026, realizada con 1,200 entrevistados, encontró que 42.8 % mencionó la delincuencia y la inseguridad entre los tres principales problemas del país. Solamente el alto costo de la vida, con 62 %, recibió más menciones. Datos IA
Tenemos entonces un fenómeno que merece estudiarse: mientras la tasa oficial de homicidios viene descendiendo, la inseguridad continúa siendo una de las mayores preocupaciones de los dominicanos.
Una realidad no necesariamente contradice la otra. Las redes sociales pueden multiplicar emocionalmente un mismo crimen. Antes, un hecho ocurrido en un barrio podía aparecer una vez en el periódico o en el noticiero.
Hoy llega por WhatsApp. Después aparece en Instagram. Luego en Facebook, TikTok, YouTube y X. Alguien vuelve a compartirlo con otro título; un medio publica las imágenes; otro presenta una entrevista; un comentarista analiza el caso y finalmente el mismo video regresa al grupo familiar.
Puede tratarse de un solo crimen, pero una persona puede exponerse a ese mismo acontecimiento diez, veinte o más veces durante el día.
La investigación sobre miedo al crimen lleva años estudiando esta diferencia entre victimización objetiva y percepción. La exposición mediática, experiencias personales, condiciones del vecindario y confianza en las instituciones pueden influir en la sensación de seguridad.
Esto no significa culpar a las redes sociales ni pedir que se oculten los delitos. Significa ponerlos en contexto. Un crimen terrible puede cambiar la percepción de todo un país.
Cuando ocurre un asesinato particularmente cruel, desaparece una persona, una cámara registra un atraco violento o una tragedia afecta a una familia, es completamente comprensible que aumente la preocupación colectiva.
Un solo caso puede dominar durante días la conversación nacional. El problema comienza cuando pasamos de decir “ocurrió este hecho terrible” a concluir automáticamente “todo el país está fuera de control”.
Un caso debe investigarse como caso. Varios casos similares pueden comenzar a formar un patrón. Y un patrón sostenido debe aparecer posteriormente reflejado en las estadísticas. Esto también ocurre en Estados Unidos.
La diferencia entre percepción y estadísticas no es exclusivamente dominicana. En Nueva York, el NYPD reportó durante 2026 importantes reducciones en homicidios, tiroteos y varios delitos mayores. Sin embargo, cuando ocurre un asesinato en el subway, Times Square, Harlem, Brooklyn o El Bronx, inmediatamente reaparece la discusión sobre si la ciudad es segura.
Filadelfia también ha registrado importantes reducciones recientes en homicidios y tiroteos, sin que eso elimine la preocupación ciudadana por determinados hechos violentos. Washington, D.C. demuestra por qué tampoco debemos mirar una sola cifra: puede disminuir una categoría delictiva mientras otra aumenta.
En ciudades como Chicago, Los Ángeles y Detroit, la conversación pública sobre seguridad también puede verse profundamente afectada por crímenes particularmente violentos, aunque las tendencias de homicidios o determinados delitos cambien de un año a otro.
No sería responsable colocar todas estas ciudades en una misma tabla y declarar simplemente cuál es “más peligrosa” sin ajustar población, metodología, período y categorías delictivas.
La enseñanza importante es otra: una ciudad puede mejorar estadísticamente y todavía tener ciudadanos que se sienten inseguros. Lo mismo puede ocurrir en República Dominicana.
¿Qué plantea la criminología? Un análisis profesional no pregunta solamente: “¿Hay crimen?”
Claro que existe. Las preguntas importantes son otras: ¿Qué delitos están aumentando? ¿Cuáles disminuyen? ¿En qué sectores? ¿A qué horas? ¿Quiénes son las víctimas? ¿Cuántos casos se denuncian? ¿Cuántos se esclarecen? ¿Qué ocurre con la reincidencia? ¿Qué territorios concentran el problema?
También hay que preguntar algo fundamental: ¿Por qué la población continúa sintiéndose insegura si algunos de los principales indicadores están mejorando?
La percepción ciudadana no debe ridiculizarse. Si una persona siente miedo de caminar por su barrio, ese miedo forma parte de su calidad de vida, aunque las estadísticas nacionales están mejorando. Por eso el Estado tiene una doble responsabilidad: reducir el crimen y aumentar la confianza ciudadana.
Una solución: fortalecer una verdadera Policía Comunitaria. Aquí República Dominicana puede observar experiencias utilizadas en Nueva York y otras ciudades. La Policía no debe aparecer en un barrio solamente cuando ocurre un crimen.
Debe conocer a sus residentes, comerciantes, líderes comunitarios, iglesias, escuelas, clubes deportivos y jóvenes. Una Policía Comunitaria fortalecida dentro de la propia Policía Nacional puede ayudar a construir esa relación.
Los agentes deben caminar los sectores, conversar con los residentes, participar en encuentros comunitarios y escuchar directamente los problemas antes de que se conviertan en crisis. La confianza también combate la delincuencia.
Un ciudadano que confía en la Policía tiene mayor disposición a denunciar, colaborar como testigo y proporcionar información. La Policía Nacional merece reconocimiento cuando obtiene resultados. Si la tasa de homicidios ha bajado sostenidamente, las estrategias que hayan contribuido a esa reducción deben ser reconocidas y fortalecidas.
Valorar el trabajo de los buenos policías tampoco significa ignorar los excesos. Cuando exista una denuncia de abuso, uso desproporcionado de la fuerza o actuación irregular, debe investigarse con transparencia. Una Policía moderna necesita simultáneamente autoridad, profesionalización, mejores condiciones laborales, supervisión y confianza comunitaria.
Reconocer a los agentes que hacen correctamente su trabajo fortalece a la institución. Corregir a quienes se apartan de la ley también la fortalece.
¿Qué diría un abogado?
Seguridad ciudadana no significa solamente realizar más arrestos. Significa investigaciones correctamente realizadas, evidencia preservada, respeto al debido proceso, fiscales preparados y tribunales capaces de responder con eficiencia.
No sirve anunciar cientos de arrestos si posteriormente los expedientes fracasan por investigaciones deficientes. La justicia también forma parte de la percepción. Cuando un ciudadano observa que un crimen se investiga, el responsable es identificado, el proceso judicial funciona y la víctima recibe respuesta, aumenta su confianza en el sistema.
¿Qué debe hacerse contra una percepción exagerada?
Un especialista en comunicación pública probablemente comenzaría con una recomendación sencilla: no combatir percepción con propaganda. Decir constantemente “el país está seguro” mientras los ciudadanos reciben videos de hechos violentos puede producir desconfianza.
La respuesta debe ser información. República Dominicana podría desarrollar campañas permanentes de educación sobre seguridad ciudadana, utilizando datos comprensibles y verificables. Cada mes deberían explicarse públicamente: cuántos homicidios ocurrieron, cuántos robos fueron denunciados, cuáles provincias mejoraron, cuáles empeoraron, cuántos casos fueron esclarecidos y qué acciones están tomando las autoridades.
Los medios y creadores de contenido también tenemos responsabilidad. Un video debe llevar contexto. Un hecho antiguo no debe presentarse como si hubiera ocurrido hoy. Un crimen ocurrido en una comunidad no debe convertirse automáticamente en una descripción de todo el país. Y una reducción estadística tampoco debe utilizarse para silenciar una denuncia legítima.
Seguridad también significa oportunidades. La delincuencia no se combate únicamente con patrullas. Se combate creando oportunidades. República Dominicana necesita ampliar programas deportivos, culturales, tecnológicos y educativos para jóvenes; formación técnica; primeros empleos; becas; emprendimiento y recuperación de espacios comunitarios.
También necesita mejores oportunidades para sus profesionales jóvenes, para que estudiar y prepararse produzca perspectivas reales de desarrollo económico.
Una sociedad donde el ciudadano percibe posibilidades de avanzar, conseguir empleo, formar una familia y mejorar su calidad de vida fortalece también la prevención. Seguridad es Policía.
Pero también es educación, empleo, iluminación, transporte, deporte, vivienda, salud mental, justicia y oportunidades. ¿Y los dominicanos que regresan para retirarse?
Este fenómeno merece ser contado. Cada año dominicano que pasaron décadas trabajando en Estados Unidos regresan definitivamente o dividen su tiempo entre ambos países. Compran o construyen viviendas, regresan a sus pueblos, comparten con familiares y utilizan sus pensiones para vivir una nueva etapa.
No todos tienen la misma experiencia y algunos pueden convertirse en víctimas de delitos, como ocurre en cualquier sociedad. Pero existen también miles de historias normales y positivas que no producen titulares precisamente porque nada extraordinario ocurrió.
Una persona que pasa seis meses tranquilamente en Santiago, Santo Domingo, San Cristóbal, Puerto Plata o cualquier otra provincia no aparece en las noticias.
Un atraco sí aparece. Ahí existe otra clave para comprender la percepción: lo normal casi nunca es noticia; lo extraordinario sí.
¿Por qué la diáspora sigue regresando?
Si todos los dominicanos del exterior percibieran República Dominicana como un territorio imposible para visitar, resultaría difícil explicar el constante flujo de viajeros durante Navidad, Semana Santa, verano, vacaciones familiares, actividades sociales, inversiones y temporadas de retiro.
Esto no constituye una prueba científica de seguridad. Viajar no es un indicador criminológico. Pero sí revela un comportamiento interesante: muchos dominicanos pueden estar preocupados por la delincuencia y simultáneamente sentirse suficientemente vinculados y seguros para continuar regresando. Eso merece estudiarse.
Cuidado con la expresión “hechos aislados.
Un crimen puede ser aislado geográficamente o no representar una tendencia nacional. Pero la expresión debe utilizarse con responsabilidad. Cuando varios acontecimientos presentan características semejantes, se repiten en un mismo territorio o comienzan a mostrar un patrón, corresponde investigarlos como tendencia.
Por eso las estadísticas actualizadas son indispensables. No debemos utilizar “hecho aislado” para minimizar una tragedia. Debemos utilizar los datos para determinar si realmente es aislado o forma parte de un problema mayor.
Ni negar el crimen ni declarar al país perdido Ese debe ser el equilibrio. República Dominicana tiene problemas reales de seguridad ciudadana. Hay homicidios, robos, atracos, violencia de género y conflictos sociales.
Existen sectores que requieren mayor intervención. También existen denuncias de actuaciones policiales que deben investigarse. Pero igualmente existe evidencia oficial de que la tasa de homicidios ha descendido considerablemente durante los últimos años, desde 13.20 en 2022 hasta 7.41 en el corte del 11 de septiembre de 2026. Datos IA
Ambas realidades pueden existir al mismo tiempo. El gran desafío: bajar el crimen y también el miedo, República Dominicana tiene ahora dos trabajos. El primero es continuar reduciendo objetivamente la criminalidad. El segundo es conseguir que esa mejoría llegue a la experiencia cotidiana del ciudadano.
Para lograrlo hacen falta Policía Comunitaria, campañas educativas, estadísticas transparentes, mejores investigaciones, justicia eficiente, oportunidades para jóvenes y profesionales, recuperación de espacios públicos y una mejor relación entre policías y ciudadanos.
También sería positivo desarrollar campañas nacionales que enseñen a interpretar estadísticas de seguridad, identificar noticias antiguas recicladas y verificar videos antes de compartirlos. Las propias autoridades deben comunicar tanto las buenas como las malas cifras.
Si un delito bajó, decirlo. Si otro aumentó, reconocerlo. Esa transparencia genera más confianza que cualquier campaña publicitaria.
La percepción no se combate escondiendo la realidad. República Dominicana no está libre de criminalidad y todavía enfrenta desafíos importantes. Pero tampoco es correcto construir la imagen completa del país utilizando exclusivamente los acontecimientos más violentos que se vuelven virales.
Los datos disponibles muestran una reducción sostenida de los homicidios mientras las encuestas indican que la inseguridad continúa preocupando profundamente a la población.
Ese contraste no debe convertirse en una pelea entre quienes dicen “todo está bien” y quienes dicen “todo está perdido”.
Debe convertirse en una política pública. Reducir el delito. Mejorar la Policía. Fortalecer la justicia. Crear oportunidades. Educar sobre la percepción. Comunicar estadísticas con transparencia. Y acercar cada vez más a la Policía con la comunidad.
Nueva York, Filadelfia, Washington, Chicago, Los Ángeles y Detroit también enfrentan discusiones permanentes entre estadísticas y percepción. República Dominicana no es una excepción. Los hechos violentos existen y duelen. La percepción existe y afecta la calidad de vida. Los avances también existen y deben reconocerse.
La solución no es negar ninguno de los tres. Es conseguir que estadísticas, prevención, justicia, comunicación y realidad cotidiana caminen en la misma dirección.
Foto ilustrativa IA.–De código policial a fenómeno viral: ¿Qué significa realmente que a fulano “lo pusieron en 29”? en República Dominicana. ¿Es el “Código 29” una licencia para matar?
Un dominicano de la diáspora interesado en saber qué significa “ponerlo en 29” en República Dominicana descubre cómo una clave para reportar fallecidos se convirtió en expresión callejera y centro de un delicado debate nacional
¿Es el “Código 29” una licencia para matar? No. En las leyes y reglamentos públicos consultados no aparece un protocolo denominado “Código 29” que autorice a la Policía Nacional o a la Dirección Central de Investigación (DICRIM) a eliminar físicamente a una persona buscada. La DICRIM tiene la misión de investigar delitos, identificar sospechosos, localizar prófugos, ejecutar órdenes de arresto, preservar evidencias y presentar a los detenidos ante el Ministerio Público. Su función institucional es buscar, capturar e investigar, no acusar, condenar y ejecutar. www.policianacional.gob.do
Por José Zabala, creador de contenido
Nueva York. – Quienes vivimos fuera de la República Dominicana escuchamos expresiones nuevas cada vez que conversamos con familiares, vemos un programa de opinión o entramos en las redes sociales. Una de las más repetidas actualmente es breve, fría y contundente: “A fulano lo pusieron en 29”.
Para el dominicano de la diáspora que desconoce esta jerga, la frase puede parecer una referencia a la lotería, a una edad o a cualquier número de moda. Sin embargo, en el lenguaje popular dominicano significa algo mucho más serio: que una persona murió y, cuando se utiliza el verbo “poner”, que alguien frecuentemente la Policía en el relato callejero provocó su muerte.
El número no nació originalmente como una orden de matar. Su origen se relaciona con las claves numéricas empleadas en las comunicaciones policiales. En esa terminología, el 1-29 sirve para reportar a una persona fallecida. Por su parte, el 1-28 identifica a una persona herida por arma de fuego, arma blanca o accidente; cuando la condición es especialmente delicada puede comunicarse como un “28 avanzado”. eldia.com.do
Esta diferencia es fundamental: el 1-29 informa una condición; no constituye una instrucción para ejecutar a nadie.
De “estar en 29” a “ponerlo en 29”
El cambio de una sola palabra transformó completamente el significado.
Decir que alguien “está en 29” significa que está muerto, independientemente de la causa: enfermedad, accidente, homicidio o cualquier otra circunstancia.
Decir que “lo pusieron en 29” añade una acción y un responsable. La expresión insinúa que alguien causó deliberadamente la muerte. En las conversaciones barriales y digitales, suele utilizarse cuando una persona buscada por las autoridades fallece durante uno de los llamados “intercambios de disparos”.
Así, una clave descriptiva de la radio policial pasó a convertirse en verbo callejero. El número dejó de limitarse al parte de novedades y adquirió una segunda vida en titulares, memes, debates y comentarios.
Cuando una persona es requerida por homicidio, robo, secuestro, narcotráfico u otro delito grave, el procedimiento legal consiste en localizarla, ejecutar la orden correspondiente, ocupar las evidencias y ponerla a disposición de la justicia. Incluso una persona con numerosos antecedentes continúa siendo un presunto infractor hasta que un tribunal establezca su responsabilidad.
La Policía puede utilizar la fuerza para controlar una amenaza real. Si un individuo dispara contra los agentes o pone vidas en peligro, estos pueden responder para protegerse y proteger a terceros. Pero esa respuesta debe cumplir los principios de legalidad, necesidad, gradualidad y proporcionalidad.
Es muy diferente responder a una agresión letal que salir con la decisión previa de matar a una persona.
La Constitución dominicana protege el derecho a la vida y prohíbe la pena de muerte. La Ley Orgánica de la Policía Nacional establece que la fuerza debe emplearse como última opción y dentro de límites estrictos. Ningún código radiofónico, formal o informal, puede colocarse por encima de la Constitución, el Ministerio Público y los tribunales. www.consultoria.gov.do
¿Por qué volvió a ponerse de moda?
La expresión reapareció con fuerza en medio del aumento de noticias sobre personas buscadas que han muerto durante intervenciones policiales. Cada nuevo caso produce titulares, videos, comentarios y discusiones sobre si existió realmente un enfrentamiento o si ocurrió una ejecución extrajudicial.
La versión oficial suele indicar que los agentes trataban de ejecutar una orden de arresto, fueron recibidos a tiros y respondieron a la agresión. Esa versión debe ser investigada y comprobada individualmente.
Un comunicado policial constituye una fuente inicial de información, pero no reemplaza la investigación del Ministerio Público ni una determinación judicial independiente.
El temor también ha influido. Durante operativos recientes, varias personas activamente buscadas optaron por entregarse acompañadas de familiares, abogados, religiosos o comunicadores. En la imaginación colectiva, la posibilidad de “ser puesto en 29” funciona como una amenaza simbólica que puede acelerar una entrega, aunque la institución no reconozca oficialmente esa frase como política operativa.
Una sociedad dividida entre la mano dura y el debido proceso
El éxito viral del 29 revela una sociedad cansada de la delincuencia, pero también preocupada por los posibles abusos de poder.
De un lado están los ciudadanos que viven asfixiados por atracos, homicidios y bandas armadas. Para ellos, la respuesta firme de la Policía representa protección y hasta una recuperación del control territorial. En los comentarios digitales se observa aprobación cada vez que muere alguien señalado como altamente peligroso.
Del otro lado se encuentran juristas, defensores de derechos humanos y ciudadanos que advierten sobre el peligro de celebrar una muerte sin conocer todas las circunstancias. Temen que normalizar el “29” permita justificar errores de identidad, venganzas, encubrimientos o ejecuciones extrajudiciales.
Las dos reacciones nacen de preocupaciones reales: el derecho de la población a vivir segura y la obligación del Estado de respetar la vida y el debido proceso. Una democracia no debe escoger entre ambas. Necesita una Policía firme contra el crimen y, al mismo tiempo, sometida a la ley.
La explicación sociológica del fenómeno
El dominicano posee una extraordinaria capacidad para transformar una circunstancia compleja en una frase corta, irónica y fácil de recordar. Antes se hablaba de “darle piso”, “carta blanca” o “mandarlo para el otro mundo”. En la era digital, esas expresiones extensas fueron desplazadas por un número capaz de comunicarlo todo en dos segundos.
El “29” funciona como una contraseña cultural. Quien pertenece al contexto dominicano entiende inmediatamente la insinuación; quien vive fuera del país necesita que se la expliquen. Esa complicidad colectiva impulsa la propagación del término.
Además, las plataformas premian lo breve, provocador y emocional. Un comentario que diga solamente “29” genera curiosidad, aprobación, rechazo y respuestas. La repetición termina otorgándole al número apariencia de código oficial, aunque su utilización popular sea mucho más amplia y polémica que su función técnica original.
Ni glorificación del crimen ni celebración de la muerte
La República Dominicana necesita enfrentar con energía a las estructuras criminales, proteger a sus policías y garantizar tranquilidad en los barrios. Pero también necesita investigaciones transparentes cada vez que una intervención estatal termina con una vida.
Los presuntos delincuentes deben entregarse y responder ante la justicia. Los agentes que arriesgan sus vidas merecen herramientas, entrenamiento y respaldo institucional. Y las familias, tanto de las víctimas del crimen como de quienes mueren durante actuaciones policiales, tienen derecho a conocer la verdad.
En conclusión, “estar en 29” significa estar fallecido; “ponerlo en 29” significa, en el lenguaje popular, provocar su muerte. El 1-29 surgió como una clave para reportar un fallecimiento, no como una orden para matar. La calle, los medios y las redes transformaron ese reporte técnico en un símbolo de la ofensiva policial y de la discusión nacional entre seguridad, legalidad y derechos humanos.
Ahora el reto no es solamente comprender el significado del número. Es evitar que una expresión viral sustituya las preguntas fundamentales: ¿qué ocurrió realmente?, ¿existía una amenaza inmediata?, ¿se respetaron los protocolos?, ¿quién investigará el caso?
En un Estado de derecho, esas respuestas no pueden quedar escondidas detrás de un código.
ZabalaAlDía.com — “La voz que conecta nuestra comunidad”.
Luis Abinader impacta a la diáspora dominicana en Estados Unidos con histórico acercamiento durante su semana en Nueva York. La diáspora valora el acercamiento de Abinader “Muy intensa, pero bastante productiva”
La ONU fue el escenario; la diáspora, uno de los grandes protagonistas. El mandatario combinó su participación en la 81.ª Asamblea General de la ONU con una intensa agenda de acercamiento a los dominicanos del exterior: INDEX, pasaporte electrónico, encuentros comunitarios, 300 becas para jóvenes, respaldo al Museo Histórico Cultural Dominicano y reconocimientos marcaron cinco días de conexión con la diáspora
Por José Zabala, creador de contenido
Nueva York.– La participación del presidente Luis Abinader en la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas dejó mucho más que una agenda diplomática en Nueva York. Del domingo 20 al viernes 25 de septiembre de 2026, el mandatario desarrolló un acercamiento particularmente amplio y visible con la diáspora dominicana en Estados Unidos, colocando a los dominicanos del exterior como parte importante de una semana que también incluyó diplomacia, inversión, educación, tecnología, cooperación internacional y promoción de República Dominicana.
Desde el inicio, la comunidad dominicana estuvo presente. Abinader abrió su agenda encabezando la cuarta entrega del Reconocimiento Dominicano Destacado en el Exterior “INDEX Somos Todos”, donde fueron reconocidos 14 dominicanos por sus trayectorias y contribuciones en Estados Unidos.
Ese mismo domingo encabezó la puesta en circulación internacional del pasaporte electrónico para los dominicanos residentes en Nueva York, Nueva Jersey y Boston, acercando un nuevo servicio directamente a una de las comunidades dominicanas más importantes fuera del territorio nacional. De esta manera, INDEX y el pasaporte electrónico marcaron el comienzo de una semana presidencial conectada directamente con la diáspora.
Una agenda internacional con la diáspora presente. Durante los días siguientes, Abinader alternó los grandes escenarios internacionales con actividades relacionadas directa o indirectamente con los dominicanos residentes en el exterior.
Participó en reuniones sobre inversión, tierras raras, inteligencia artificial, educación, Meta RD 2036 y seguridad regional. En la Cumbre Anual Concordia 2026, presentó oportunidades económicas de República Dominicana y habló sobre el potencial de las tierras raras.
También expuso ante empresarios y líderes internacionales las condiciones que su administración considera favorables para atraer inversiones, incluyendo estabilidad política y social, zonas francas, apertura económica y oportunidades relacionadas con el nearshoring. La agenda incorporó igualmente conversaciones sobre inteligencia artificial, educación STEM y cooperación internacional.
Abinader lleva la República Dominicana ante la ONU. El momento central llegó con su intervención ante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas.
Abinader presentó indicadores económicos y sociales de República Dominicana y expuso las prioridades internacionales de su administración. Según las cifras presentadas por el mandatario, la pobreza monetaria pasó de 25.8 % en 2019 a 14.6 % durante el primer semestre de 2026, mientras la inversión extranjera directa superó por primera vez los US$5,000 millones y las exportaciones se acercaron a US$16,000 millones.
La situación de Haití ocupó un espacio importante de su intervención. El presidente pidió a la comunidad internacional avanzar de las decisiones hacia acciones concretas, fortalecer los esfuerzos internacionales de seguridad, aportar los recursos comprometidos, hacer cumplir el embargo de armas y contribuir al fortalecimiento de las instituciones haitianas.
Durante su agenda en Nueva York, Abinader recibió además la Insignia de Oro de Americas Society, una importante distinción institucional.
De Naciones Unidas al encuentro directo con los dominicanos, Uno de los aspectos más significativos de la visita fue que la agenda presidencial no permaneció encerrada dentro de Naciones Unidas o de reuniones empresariales.
Abinader salió al encuentro de su comunidad. En Brooklyn sostuvo un encuentro con representantes de la diáspora y destacó el peso de los dominicanos del exterior mediante sus remesas, inversiones, emprendimientos y respaldo permanente a sus familias y comunidades de origen.
Durante esa actividad se produjo la proclamación del 24 de septiembre de 2026 como Día del Orgullo Dominicano en Brooklyn, coincidiendo con la presencia del mandatario. Posteriormente llegó a Washington Heights, corazón de la comunidad dominicana en Nueva York, donde realizó uno de los anuncios de mayor impacto directo de toda la visita.
300 becas para jóvenes dominicanos residentes en Nueva York. Abinader anunció 300 becas destinadas a jóvenes dominicanos residentes en Nueva York. El programa contempla 100 becas para estudios de grado, 100 para estudios de posgrado y 100 para formación tecnológica en el Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA).
Este anuncio convirtió parte de la visita presidencial en una oportunidad concreta para las nuevas generaciones de dominicanos residentes en Estados Unidos. Ahora el verdadero impacto deberá medirse por su implementación: requisitos transparentes, facilidad para presentar solicitudes y acceso efectivo de los jóvenes a las oportunidades anunciadas.
El Museo Histórico Cultural Dominicano entra en la agenda. Antes de concluir su estancia, Abinader visitó el proyecto del Museo Histórico Cultural Dominicano en Nueva York.
Durante la visita expresó disposición de buscar mecanismos para contribuir a su culminación, reconociendo la importancia histórica, educativa, cultural y turística de preservar la memoria de la migración dominicana en Estados Unidos.
Para una comunidad que lleva décadas construyendo familias, negocios, organizaciones e instituciones en Nueva York, disponer de un espacio destinado a conservar y contar esa historia tiene un significado especial.
Dos importantes reconocimientos durante la semana.Abinader recibió además la Medalla Presidencial de William Paterson University, el mayor reconocimiento concedido por esa institución. La universidad destacó aspectos de su liderazgo y servicio a los dominicanos dentro y fuera de República Dominicana. La distinción se sumó a la Insignia de Oro de Americas Society, colocando dos reconocimientos institucionales dentro del balance de su semana en Estados Unidos.
La diáspora valora el acercamiento de Abinader. La presencia del presidente generó expresiones positivas entre dominicanos residentes en Estados Unidos, especialmente por el contacto directo con la comunidad, los reconocimientos, los servicios presentados y las oportunidades educativas anunciadas.
Luis Hidalgo valoró positivamente la presencia del mandatario y destacó la importancia de que un presidente dominicano aproveche una agenda internacional de alto nivel para mantener contacto directo con su comunidad en el exterior.
Raquel Nova también expresó satisfacción por la visita y consideró significativo que la diáspora dominicana tuviera una presencia visible dentro de una semana marcada por la participación de Abinader en la Asamblea General de las Naciones Unidas y sus diferentes actividades en Nueva York.
Estas valoraciones reflejan una lectura positiva de sectores de la comunidad: más allá de su participación ante la ONU, la visita permitió que dominicanos residentes en Estados Unidos fueran incluidos dentro de diferentes actividades de la agenda presidencial.
Una visita diferente por su conexión con la diáspora
Desde una perspectiva de análisis político y comunitario, la visita de Luis Abinader se distingue por la amplitud con que combinó la agenda de la ONU con actividades dirigidas directamente a la diáspora. Aunque distintos presidentes dominicanos han viajado históricamente a Nueva York para participar en Naciones Unidas y mantener contactos con la comunidad, la agenda de Abinader en septiembre de 2026 concentró en una misma semana reconocimientos a dominicanos del exterior, pasaporte electrónico, encuentros en Brooklyn y Washington Heights, 300 becas para jóvenes y respaldo a iniciativas culturales. Por esa combinación de acciones concretas y contacto comunitario, puede describirse como uno de los acercamientos presidenciales más amplios y productivos documentados con la diáspora dominicana en Nueva York, dejando una referencia importante para futuras visitas presidenciales.
¿Qué dejó realmente la semana de Abinader?
La dimensión de una visita presidencial no debe medirse solamente por fotografías, reuniones o discursos. Su impacto definitivo debe evaluarse posteriormente por sus resultados. Sin embargo, la semana dejó varios elementos concretos.
Proyección internacional: Abinader utilizó Naciones Unidas para presentar indicadores dominicanos y colocar nuevamente la crisis haitiana dentro de la discusión internacional.
Economía e inversión: promovió oportunidades dominicanas ante empresarios y abordó tierras raras, nearshoring, inteligencia artificial y Meta RD 2036.
Educación: incorporó conversaciones sobre formación y tecnología y anunció las 300 becas para jóvenes dominicanos de Nueva York.
Servicios: el pasaporte electrónico comenzó su despliegue internacional para dominicanos de Nueva York, Nueva Jersey y Boston.
Identidad y cultura: visitó el proyecto del Museo Histórico Cultural Dominicano y manifestó disposición de apoyar su culminación.
Reconocimiento a la diáspora: desde el primer día, con INDEX “Somos Todos”, fueron reconocidos 14 dominicanos destacados en Estados Unidos.
Un acercamiento particularmente amplio con la diáspora
Quizás este sea el elemento que mejor distingue la visita. Abinader llegó a Nueva York principalmente por la Asamblea General de Naciones Unidas, pero la comunidad dominicana terminó ocupando un espacio destacado dentro de su agenda.
La diáspora apareció al principio, durante y al final de la visita.
INDEX abrió la semana reconociendo dominicanos.
El pasaporte electrónico acercó servicios.
Brooklyn permitió el encuentro comunitario.
Washington Heights recibió el anuncio de las 300 becas.
El Museo Histórico Cultural Dominicano conectó al mandatario con la memoria de la migración.
Y los encuentros empresariales e internacionales permitieron proyectar el país al cual esa misma diáspora continúa económica, familiar y culturalmente vinculada.
“Muy intensa, pero bastante productiva”
El propio Luis Abinader resumió su semana definiendo la agenda como “muy intensa, pero bastante productiva”.
La frase describe cinco días en los que pasó de escenarios internacionales a encuentros comunitarios, de conversaciones económicas a anuncios educativos y de Naciones Unidas a los sectores donde viven miles de dominicanos.
Desde el punto de vista de la amplitud de las actividades documentadas, puede considerarse uno de los acercamientos más visibles y amplios de Abinader con la diáspora durante una visita presidencial a Nueva York.
La ONU fue el escenario; la diáspora, uno de los grandes protagonistas
Ese puede ser finalmente el mensaje que deja la visita.
Luis Abinader llegó a Nueva York para participar en la ONU, pero una parte fundamental de su semana terminó desarrollándose alrededor de los dominicanos que viven fuera de su tierra.
La República Dominicana contemporánea no termina geográficamente en la isla. Millones de dominicanos viven fuera del país y continúan participando en su economía, sus familias, su cultura y su desarrollo.
Del domingo 20 al viernes 25 de septiembre de 2026, la agenda de Abinader reconoció esa realidad.
Los resultados definitivos deberán medirse después: cuántas becas llegan a los jóvenes, cómo funcionan los nuevos servicios, qué ocurre con el museo y cuáles acuerdos e inversiones se materializan.
Pero la imagen inmediata que deja la semana es clara: un presidente combinando el escenario mundial de Naciones Unidas con un acercamiento directo, sostenido y ampliamente visible hacia la diáspora dominicana en Estados Unidos. La ONU fue el gran escenario internacional. La diáspora dominicana fue uno de los grandes protagonistas de la semana.
Por José Zabala, creador de contenido
Editor en jefe de ZabalaAlDia.com
ZabalaAlDía.com — “La voz que conecta con la comunidad y la diaspora Dominicana”.
¿Amelia Alcántara cruzó la línea? Comentarios contra Corayma Fajardo abren debate legal bajo el nuevo Código Penal. Un experto pone la lupa sobre el artículo 210
Un experto analiza si las expresiones contra la esposa de Dalvin La Melodía podrían entrar en el terreno de la injuria, la difamación o una eventual reclamación civil
Por José Zabala, creador de contenido
Nueva York.– Las fuertes declaraciones de la comunicadora Amelia Alcántara contra Corayma Fajardo, esposa del cantante Dalvin La Melodía, no solamente han generado controversia en las redes sociales, sino que también abren una interrogante jurídica en República Dominicana: ¿hasta dónde puede llegar una opinión pública antes de convertirse potencialmente en una expresión que afecte jurídicamente el honor, la imagen o la dignidad de una persona?
La controversia surgió después de que Alcántara manifestara públicamente que a Dalvin “lo único que le falta” es cambiar de mujer y señalara que su esposa supuestamente “no es una mujer que lo representa” y “no está a la altura” del momento profesional que atraviesa el artista. Durante la discusión también se produjeron referencias relacionadas con la apariencia física de Corayma Fajardo.
La pregunta ahora trasciende el mundo del entretenimiento: ¿pueden comentarios de esta naturaleza generar consecuencias legales bajo el nuevo Código Penal dominicano?
Un experto pone la lupa sobre el artículo 210
De acuerdo con un jurista consultado sobre el alcance general de estas disposiciones, el aspecto que merece mayor atención jurídica no sería automáticamente la difamación, sino la posible figura de la injuria.
El experto explica que cuando no existe la imputación de un hecho preciso, pero se producen públicamente expresiones que pudieran considerarse afrentosas o despreciativas contra otra persona, el análisis puede entrar en el terreno contemplado por el artículo 210 del Código Penal.
La disposición aborda precisamente las expresiones públicas afrentosas o despreciativas contra otra persona cuando no contienen la imputación de un hecho preciso.
“Una cosa es opinar sobre la carrera artística de una persona y otra es dirigir expresiones hacia un tercero que pudieran considerarse ofensivas para su honor o dignidad. Sin embargo, determinar si jurídicamente existe injuria requiere estudiar las palabras exactas, el contexto, el medio utilizado y las circunstancias; esa conclusión corresponde finalmente a un tribunal”, explica el análisis jurídico consultado.
¿Y podría existir difamación?
El artículo 208 aborda la difamación y requiere un elemento particularmente importante: la alusión o imputación pública de un hecho preciso o concreto susceptible de afectar el honor, consideración, buen nombre, imagen, dignidad o integridad familiar de una persona.
Aquí existe una diferencia fundamental.
Decir que una persona “no está a la altura” de otra puede constituir una opinión desagradable, hiriente o despreciativa, pero no significa automáticamente que exista difamación.
Para determinarlo habría que examinar si, además de las opiniones, fueron atribuidos hechos concretos a Corayma Fajardo.
El artículo 209 exige otros elementos
También se ha mencionado el artículo 209, relacionado con la difamación extorsiva.
Esta figura requiere elementos adicionales relacionados con una amenaza o imputación utilizada para obtener algún beneficio o conseguir determinada actuación de la persona afectada o de un tercero.
Con la información públicamente disponible sobre esta controversia, no sería responsable afirmar que estamos frente a una difamación extorsiva, porque sería necesario demostrar los elementos específicos exigidos por la legislación.
¿Puede Corayma Fajardo acudir a la justicia?
Sí puede consultar a un abogado y evaluar las vías jurídicas disponibles, pero eso no significa que automáticamente exista un caso ganado ni que Amelia Alcántara haya cometido un delito.
Una eventual acción tendría que estudiar las declaraciones completas, el contexto en que fueron realizadas, dónde se difundieron, el alcance alcanzado, la existencia de un posible daño y las defensas legales correspondientes.
Además de cualquier discusión penal, podría evaluarse la vía civil si la persona afectada entiende que las expresiones ocasionaron un daño demostrable a su honor, imagen o reputación.
El experto consultado insiste en una diferencia esencial: una expresión puede ser socialmente ofensiva sin necesariamente constituir un delito, mientras que determinadas expresiones públicas sí pueden generar consecuencias jurídicas cuando concurren los elementos establecidos por la ley.
Libertad de expresión tampoco significa libertad absoluta
La libertad de expresión constituye un derecho fundamental y protege la crítica, las opiniones y el debate público.
Pero tampoco representa automáticamente una autorización para lesionar derechos de terceros.
En este caso existe además un elemento que merece atención: Corayma Fajardo entra en la controversia principalmente por ser la esposa de una figura artística, lo que plantea la discusión sobre hasta qué punto resulta legítimo trasladar el debate sobre la carrera profesional de Dalvin La Melodía hacia la apariencia física, dignidad o condición personal de su esposa.
Una advertencia para comunicadores e influencers
La controversia deja una reflexión que trasciende a Amelia Alcántara, Corayma Fajardo y Dalvin La Melodía.
Los comunicadores, panelistas, influencers y creadores de contenido deben conocer que el alcance masivo de la televisión, la radio, el streaming y las redes sociales también amplifica las posibles consecuencias de las palabras.
Tener un micrófono permite opinar, cuestionar y debatir. Sin embargo, cuando el comentario deja de analizar la actividad profesional de una figura pública y pasa directamente a valorar de manera potencialmente degradante el cuerpo, la dignidad, el honor o la vida privada de otra persona, comienza un terreno jurídicamente mucho más delicado.
Por eso, el caso plantea una pregunta que merece discusión en la comunicación dominicana:
¿Dónde termina una opinión de entretenimiento y dónde comienza una posible lesión al honor y la dignidad de una persona?
Si Corayma Fajardo decidiera recurrir a las vías legales, la respuesta definitiva no la darían las redes sociales ni los programas de entretenimiento. La tendría que determinar la justicia dominicana conforme a las pruebas, el contexto y la legislación aplicable.
ZabalaAlDía.com — La voz que conecta con la comunidad y la diáspora dominicana.
Imagen Ilustrativa IA. Jose Zabala
Vice Presidente
FUNDACIONASD
Tel:646-765-6973










