InicioOpiniónEl deterioro de las vías públicas convierte la movilidad en una odisea

El deterioro de las vías públicas convierte la movilidad en una odisea

Por José Armando Toribio

Santiago de los Caballeros-Transitar por calles, avenidas y carreteras de la República Dominicana se ha convertido en una verdadera odisea para conductores y peatones, debido al abandono y al avanzado deterioro de la infraestructura vial, una problemática que se agrava con las lluvias y el paso constante de vehículos pesados.

En diferentes comunidades, barrios, sectores, los conductores se han visto obligados a modificar sus rutas para evitar tramos prácticamente intransitables, mientras otras vías continúan utilizándose porque constituyen importantes conexiones con las principales arterias de circulación.

Los enormes hoyos que ocupan calles y avenidas representan una amenaza permanente para la seguridad vial, algunos tienen dimensiones tan considerables que los vehículos corren el riesgo de sufrir daños mecánicos, perder la estabilidad e incluso volcarse al intentar atravesarlos o esquivarlos.

La problemática también alcanza las carreteras urbanas y rurales, donde la erosión provocada por las corrientes de agua y los desbordamientos de ríos han destruido parte de la infraestructura, dejando tramos reducidos a una sola vía y colocando en peligro a quienes necesitan desplazarse por esas comunidades.

A estas deficiencias se suma la escasa durabilidad de algunas capas asfálticas, que comienzan a deteriorarse poco tiempo después de su colocación, lo que evidencia la necesidad de prestar mayor atención a la calidad de los materiales, los procedimientos de construcción y la supervisión de las obras.

Otro problema recurrente es el abandono de proyectos de asfaltado, pues numerosos sectores tienen calles intervenidas y preparadas para recibir pavimento, pero los trabajos quedan inconclusos, dejando a sus residentes entre zanjas, polvo, lodo y dificultades para acceder a sus viviendas.
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Las precipitaciones convierten muchas de estas perforaciones en lagunas que ocultan su profundidad, impidiendo a los conductores identificar los riesgos y aumentando las posibilidades de accidentes, daños a los vehículos y situaciones que comprometen la integridad de las personas.

El deterioro de la infraestructura vial no puede seguir tratándose como un problema secundario ni limitarse a reparaciones provisionales cuando llegan las denuncias de las comunidades, se requiere un plan integral que priorice la reconstrucción de los tramos críticos, el drenaje pluvial, la calidad del asfaltado y el mantenimiento preventivo.

Las autoridades responsables tienen el compromiso de garantizar vías seguras y transitables, porque las calles, avenidas y carreteras no son un lujo, sino infraestructuras esenciales para la movilidad, el desarrollo económico y la calidad de vida de la población.

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