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«Ciudad de los Vertederos»: La marca que parece promover la Alcaldía de Santo Domingo Este

En las calles de Santo Domingo Este (SDE), el municipio más poblado y antiguo de la República Dominicana, el paisaje urbano parece gritar un nombre no oficial pero omnipresente: «Ciudad de los Vertederos». Mientras los montones de basura se acumulan en esquinas olvidadas, las calles se inundan con cada lluvia ligera como nunca antes, se llenan de hoyos que convierten el tránsito en una ruleta rusa mortal, el caos ciudadano reina en intersecciones sin control y la seguridad vial y ciudadana brilla por su ausencia, la Alcaldía ha invertido millones en una campaña de rebranding que busca renombrar la demarcación como «Costa del Faro, Gente que Brilla».

Sin embargo, esta iniciativa no solo genera burlas entre los residentes, sino que plantea serias interrogantes sobre el uso de fondos públicos, la violación de normativas y el abandono sistemático de la herencia cultural que define la identidad de SDE.
¿Es esta una estrategia de promoción genuina o un capricho institucional para imponer una narrativa que oculte el caos cotidiano, que le ha costado a la ciudad millones sin registro transparentado?

La Invasión Visual: Vallas Ilegales y el Faro a Colón como Símbolo Colonial

La campaña «Costa …» se lanzó con bombos y platillos el 21 de febrero de 2025 en el Faro a Colón, un monumento que, irónicamente, magnifica la figura de Cristóbal Colón —icono del colonialismo español y la extinción de los taínos en Quisqueya (no extraño en un Alcalde que viaja a Jerusalem y apoya desde ahi el genocidio de Gaza) El lema, que alude a los 22 kilómetros de costa del municipio, busca posicionar a SDE como un destino turístico y de inversión. (en teoría) Pero el despliegue publicitario ha sido todo menos sutil: vallas publicitarias inmensas han invadido jardines públicos, postes de luz y avenidas, violando flagrantemente las normativas municipales reguladas por la Resolución 46-99, que prohíbe la colocación de carteles en espacios verdes y postes.

En 2021, la propia Alcaldía de SDE, de su antecesor alcalde, retiró decenas de vallas ilegales de avenidas como Las Américas y España, multando a empresas que no cumplieron con los permisos. Hoy, sin embargo, las mismas estructuras se erigen sin transparencia: ¿a quién se contrató para su diseño e instalación? ¿Cuántos millones de pesos públicos se destinaron a spots televisivos y redes sociales, mientras los vertederos improvisados persisten en todos los barrios?
Críticos locales argumentan que la mal llamada «marca ciudad» carece de coherencia geográfica —pues la costa de SDE no destaca por playas prístinas— y cultural, ignorando propuestas previas como «Ciudad Trinitaria», que honraría a los fundadores de la patria.

La polémica se intensifica con el debate en redes y medios: mientras la Alcaldía defiende la marca como un «reclamo de historia», residentes la ven como una distracción de problemas reales, como la contaminación visual que distrae a conductores en vías principales donde los hoyos, las inundaciones recurrentes y la falta de señalización vial provocan accidentes diarios, y la delincuencia callejera opera con impunidad ante la ausencia de patrullaje efectivo.
¿Quién se beneficia de estos contratos opacos? ¿Qué empresas publicitarias —sin respuesta a consultas sobre transparencia— podrían estar recibiendo jugosos pagos, mientras la comunidad paga el precio en impuestos no invertidos en servicios básicos.?

El Abandono Cultural: De Festivales Muertos a Monumentos Olvidados

La obsesión por una marca superficial contrasta brutalmente con la negligencia hacia el patrimonio cultural de SDE, cuna de la evangelización americana y hogar de sitios declarados Patrimonio de la Humanidad. El Festival del Folklore, un evento que celebraba la diversidad taína, africana y criolla, ha sido «matado» en los últimos años, reemplazado por iniciativas efímeras que priorizan el turismo sobre la identidad local. Las escuelas laborales, pilares de la formación técnica en barrios marginados, han perdido preponderancia, dejando a jóvenes sin opciones ante el desempleo rampante.

Lugares icónicos languidecen en el olvido. El Monumento a la Biblia, erigido frente al Faro a Colón como símbolo de redención, y la Ermita del Rosario —la primera iglesia del Nuevo Mundo, construida en 1497 en la antigua Nueva Isabela— fueron remozados en 2020, con la promesa de visitas guiadas y eventos religiosos. Sin embargo, bajo la actual gestión, no hay evidencia de mantenimiento ni promoción; funcionarios parecen no pisar estos sitios, convertidos en fantasmas turísticos. El Boulevard de Dominicanos en el Exterior, inaugurado en 2023 para honrar a la diáspora, muestra grietas y maleza, ignorando el aporte de millones de remesas que sostienen la economía local.

La Plaza Duarte, corazón cívico con su anfiteatro, ya no acoge eventos patrióticos ni culturales; el espacio se descuida mientras el Paseo de la Historia —con estatuas de iconos de la patria— permanece inactivo, sin inauguraciones ni programas educativos desde hace años. Este abandono no es casual: en un municipio donde la historia comienza con la llegada de Colón, priorizar un faro colonial sobre la trinidad independentista huele a revisionismo que borra la resistencia indígena y africana.

Mientras SDE acumula basura, las calles se convierten en ríos con cada tormenta, los baches provocan averías masivas y accidentes, el caos vial paraliza la movilidad diaria y la seguridad ciudadana se desmorona ante el aumento de robos y asaltos sin respuesta institucional.

¿Qué Busca la Alcaldía? ¿Promoción o Encubrimiento?

La Alcaldía prometió transformación: seguridad, transparencia y derechos constitucionales como el deporte y la recreación. Sin embargo, la marca fallida que da vida al colonialismo parece un esfuerzo institucional por «matar» iniciativas comunitarias previas, como la «Ciudad Trinitaria» impulsada en 2020, que buscaba un nombre identitario arraigado en la lucha independentista. ¿El objetivo? Solo un capricho o desviar la atención de fallas estructurales: vertederos que convierten barrios en basureros, como denunciado desde la pandemia, inundaciones que aíslan comunidades enteras, calles destruidas que dañan vehículos y ponen en riesgo vidas, y un gasto publicitario que podría haber financiado drenajes, asfaltado y patrullaje.

Los beneficiados son claros: agencias de publicidad que nadie conoce quienes son ni como se adjudican esos dineros.
Mientras, la comunidad —782.279 electores en su mayoría— paga con una identidad diluida, espacios culturales en ruinas y una ciudad cada vez más inhabitable.

La «Gente que Brilla» del lema parece referirse solo a los reflectores de las vallas, no a los residentes que exigen transparencia.

Santo Domingo Este merece más que un nombre ridículo: merece una Alcaldía que limpie sus calles, reactive su folklore, repare sus vías, drene sus cañadas y honre su trinidad histórica. De lo contrario, «Ciudad de los Vertederos» no será solo un apodo, sino el legado de una gestión desconectada.

La ciudadanía debe exigir cuentas: ¿Quién contrató las vallas? ¿Cuánto cuesta este capricho?
El faro ilumina el pasado colonial, pero es hora de que la Alcaldía ilumine el presente real de SDE.

Por: Multimedios LZO, La Agencia de Prensa, Basado en texto original de Fernando Buitrago

15 de noviembre 2025

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