Por JHONNY TRINIDAD
Cada vez que se habla de la diáspora dominicana, aparece la misma cifra: US$10,200 millones en remesas en 2025. El número es grande, rinde titulares y sirve para recordar que el 8.7% del PIB lo envían dominicanos desde Nueva York, Madrid, Boston, Lawrence o San Juan. Pero reducir a la diáspora a una cuenta de envíos es no entender quiénes somos ni lo que aportamos.
No somos un Western Union con cédula. Somos 2.8 millones de dominicanos viviendo fuera. Somos el 25% de la matrícula universitaria dominicana en EE.UU. Somos 45 mil negocios registrados en el Bronx, Paterson y Providence que pagan impuestos, generan empleos y compran productos hechos en República Dominicana. Somos médicos en Massachusetts General, maestros en Queens, policías en Newark, congresistas en Washington y dueños de bodegas que abren a las 5:00 de la mañana.
Cuando un gobierno, un partido o un medio nos mide solo por las remesas, nos convierte en cajero automático. Y los cajeros no votan, no opinan, no exigen.
LO QUE APORTAMOS Y NO SE CUENTA
Adriano Espaillat no llegó al Congreso por remesas. Llegó porque la comunidad se organizó, registró votantes y tocó puertas. Ese poder político hoy defiende el TPS, pelea por vuelos más baratos y empuja acuerdos de comercio.
Transferencia de conocimiento: El enfermero que se formó en Nueva York y vuelve a Santiago a entrenar personal, la ingeniera que monta un call center en Santo Domingo, el chef que abre un restaurante en la Zona Colonial después de 20 años en Manhattan. Eso no entra en la estadística del Banco Central, pero cambia el país.
Mercado de exportación: Los dominicanos en el exterior consumen café de Jarabacoa, ron, plátanos, habichuelas y cemento. Somos el principal mercado de las zonas francas y de las pymes agroindustriales. Sin nosotros, muchas no existirían.
Red de emergencia: Cuando pasó Fiona, cuando se cayó el puente de La Zurza, cuando un barrio se inunda, las primeras transferencias, los primeros contenedores de ayuda y los primeros médicos voluntarios salen de la diáspora. Antes que el Estado llegue, ya llegamos nosotros.
LO QUE PEDIMOS A CAMBIO
No pedimos estatua. Pedimos respeto institucional. Pedimos que el consulado no cancele citas sin avisar. Que el diputado de ultramar rinda cuentas. Que la JCE no nos trate como votantes de segunda. Que se apruebe la ley de retorno sin burocracia. Que haya vuelos dignos y no un impuesto de US$20 por “tarjeta de turista” para entrar a nuestro propio país.
Pedimos dejar de ser “los ausentes” en el discurso y ser “los presentes” en las políticas públicas, porque ausente es el que no aporta. Y nosotros aportamos todos los días.
DE REMESADORES A SOCIOS
República Dominicana tiene que decidir si quiere seguir viendo a la diáspora como una remesa con patas o como un socio estratégico. Las remesas pueden bajar si hay recesión en EE.UU. o si Europa cierra fronteras. Lo que no baja es el talento, la organización y el vínculo.
El día que República Dominicana entienda que un dominicano en Hazleton vale lo mismo que uno en Gazcue, ese día vamos a tener circunscripciones que funcionen, inversión que regrese y una nación que se piense completa, no partida en dos.
Sí, mandamos dinero, pero también mandamos ideas, mandamos votos, mandamos presión política y mandamos amor por un país que, aunque nos queda lejos, nunca dejamos.
Somos más que remesas. Somos República Dominicana fuera de la isla. Y es hora de que nos traten como tal.





