En Santo Domingo Este, la figura de Dio Astacio se ha convertido en un símbolo de la peligrosa fusión entre religión y política. Su discurso, cargado de promesas mesiánicas, contrasta con una gestión marcada por la falta de transparencia y el uso de símbolos espirituales como herramienta de manipulación.
La ciudadanía no necesita sermones, necesita soluciones concretas: agua potable, seguridad, espacios públicos dignos. Sin embargo, Astacio parece más enfocado en construir un culto personal que en fortalecer las instituciones.
La política dominicana no puede seguir siendo rehén de líderes que confunden fe con clientelismo. La espiritualidad es un valor íntimo, no un instrumento para perpetuar poder.
Dio Astacio representa esa vieja práctica de disfrazar intereses políticos con discursos religiosos, debilitando la democracia y reduciendo la ciudadanía a feligresía.
Por : Santos Castro
13 de Enero 2026





