La dirección ejecutiva del Partido Revolucionario Moderno (PRM) se encuentra ante una coyuntura histórica. Más allá de la gestión diaria, el partido tiene la imperiosa tarea de definir y ejecutar una hoja de ruta clara que trascienda gobiernos y establezca los parámetros fundamentales para el desarrollo sostenible de la República Dominicana. Este no es momento para tibiezas; es la hora de trazar con valentía y visión de futuro los cimientos de una nación más próspera, justa y orgullosa. Cuatro ejes emergen como pilares irrenunciables:
1. La Revolución del Transporte Colectivo: El Tren Santiago-Santo Domingo
La promesa recurrente del tren que conecte el corazón del Cibao con la capital debe pasar de la aspiración a la acción concreta. Este no es un lujo, es una necesidad estratégica. Un tren moderno, eficiente y accesible:
- Descongestionaría de manera radical la autopista Duarte, salvando vidas y tiempo.
- Impulsaría la economía regional, integrando mercados laborales y facilitando el turismo interno.
- Reduciría significativamente la huella de carbono del transporte interurbano.
La dirección del PRM debe priorizar este proyecto emblemático, asegurando su financiamiento transparente, su diseño técnico impecable y un cronograma de ejecución creíble. Es símbolo de progreso tangible.
2. Descentralización Real: Empoderar lo Local
El centralismo asfixiante ha sido un lastre para el desarrollo equitativo. Es hora de una transferencia real de competencias y recursos a los gobiernos locales (ayuntamientos) y a las instituciones descentralizadas.
- Agua Potable y Saneamiento: Las corporaciones acuíferas regionales deben tener autonomía técnica y financiera para gestionar eficientemente este recurso vital.
- Transporte Urbano: Los ayuntamientos deben liderar la planificación y gestión del transporte público en sus municipios, con apoyo nacional.
- Seguridad Ciudadana: Fortalecer los cuerpos policiales municipales con mejor formación, equipos y coordinación inteligente con la Policía Nacional.
- Medio Ambiente: Dotar a las autoridades locales de mayor capacidad de vigilancia, regulación y gestión de residuos y recursos naturales.
Esta descentralización debe venir acompañada de mecanismos robustos de transparencia y rendición de cuentas a nivel local.
3. Cimientos Sólidos: Sociedad y Valores Familiares, desde la Educación y la Cultura
El desarrollo económico es vacío sin cohesión social. La dirección del PRM debe integrar como eje transversal la promoción de valores familiares y cívicos, no con discursos abstractos, sino con acciones concretas:
- Reforma Educativa Profunda: Que el Ministerio de Educación no solo instruya, sino que forme ciudadanos íntegros, críticos y responsables. Enfasis en ética, civismo, respeto y pensamiento crítico.
- Cultura como Pilar: El Ministerio de Cultura debe ser un agente activo en la promoción de valores de identidad, respeto, tolerancia y creatividad, llegando a todas las comunidades.
- Políticas Públicas Familiares: Apoyar programas que fortalezcan la estructura familiar como núcleo esencial de la sociedad, enfocados en prevención de violencia, crianza positiva y oportunidades.
4. Ordenamiento Territorial e Industrialización Rural: Seguridad Jurídica y Productiva
El campo dominicano clama por un salto cualitativo:
- Industrialización Agroalimentaria: Impulsar parques industriales rurales que agreguen valor a la producción agrícola, generen empleo digno y reduzcan la migración a las ciudades. Facilitar acceso a crédito, tecnología y mercados para los productores.
- Cero Invasiones, Seguridad Jurídica Plena: Se requiere una cruzada nacional de titulación masiva y un sistema de catastro moderno y accesible. La propiedad debe ser sagrada. Esto implica:
- Agilización radical de trámites de titulación.
- Combate frontal e implacable contra las invasiones organizadas.
- Respeto irrestricto por la propiedad privada legalmente establecida.
Solo así se generará la confianza para invertir y desarrollar el campo.
El Imperativo del Cierre: Obras Terminadas, Orgullo Restaurado
Estos ejes deben ir inexorablemente acompañados de un compromiso inquebrantable: terminar las obras públicas iniciadas. Los puentes a medias, las carreteras inconclusas, los hospitales que no abren, son símbolos de desesperanza y desconfianza. Cada obra terminada, funcional y bien mantenida, en cada provincia y municipio, es un testimonio tangible del cambio. Es lo que permite a los ciudadanos señalar con orgullo: «Esto transformó mi comunidad. Esto funciona».
La dirección ejecutiva del PRM tiene la palabra y la responsabilidad. El país espera no solo gestión, sino liderazgo visionario y ejecución implacable en estos ejes fundamentales. El momento de definir y construir el futuro es ahora. Que la historia juzgue esta etapa como el punto de inflexión hacia la República Dominicana que todos merecemos. Por : Alexander Olivence G.










